Una historia conmovedora y real, para ser contada.

Esta historia es la de una perrita, que fue atropellada una mañana, por un desaprensivo, con un camión. Estaba yo trabajando cuando empecé a escuchar ladridos de esta perrita, sin aun saber que era tal, pero no hice nada. Al rato mi padre entro por la puerta del despacho y me dijo:

David te vienes al veterinario a llevar a una perrita que han atropellado.La perrita al parecer se había puesto en nuestra puerta a descansar su dolor entonces mi padre la vio y decidió ayudarla.

Entonces al ver, al fin, que lo que escuche era real, no pude reprimir mi autentico sentimiento, ayudar a un ser vivo indefenso. Mi padre tomo las riendas del asunto y me sorprendió, gratamente, muy gratamente.

Son cosas que ha veces me cuesta reconocerle a mi padre, pero el tío esta que se sale últimamente. En definitiva que cogimos a la perrita y la pusimos con todo el cuidado que pudimos en el maletero del coche. Mi padre además abrió el sillón de atrás para que el animal pudiese vernos. Yo conduje con todo el cuidado que pude, con el mínimo de brusquedades.

Llegamos al veterinario y estuvimos esperando bastante tiempo, mientras unos hombres que habían allí también se preocuparon por el animal, uno de ellos también traía un animal que necesitaba ayuda, y había acogido a alguno mas. Cuando pasamos a la consulta, la perrita estaba muy asustada. El veterinario y mi padre me pidieron que la subiera con cuidad, por los costado con cuidado la subí a la mesa. El veterinario empezó a tocarla, las caras que ponía me dejaban un sabor triste, decía para mi en voz baja, el hijo puta la a reventado, y además esta embarazada, lo cual el veterinario después confirmo.

Decidió hacerle unas radiografías. Había que colocar al animal de una manera determinada, y le molestaba mucho. Como pudimos y ella sufriendo se le hicieron tres radiografías. Ya con ellas el veterinario nos confirmo que tenia la cadera rota, totalmente solapada la parte rota con la que le quedaba.

Nos dijo que había que operar en Granada, que seria caro. Mi padre y yo nos marchamos, muy tristes. No se porque pensábamos que el animal estaba condenado, pero ninguno quería decidir. Tuvimos una pequeña discrepancia. Finalmente me decidí a publicarlo en el Facebook. Pero no funciono, decepcionado, llame al veterinario a ver cuanto constaba finalmente la intervención, y además esta vez le pregunte si sobreviviría, cuando me dijo que si, mi alegría fue grandisima, después le comunique a mi padre todo esto. Mientras dejamos al animal en nuestra nave, allí mi padre le llevaba comida y la cuidaba, sin decirme nada mas.

Al cabo de unos días, vi como mi madre y mi hermano también preparaban comida. Mas adelante mi madre me dijo que prepara un cartel para pedir ayuda en nuestro barrio y en de mi hermano. Lo prepare, aunque ese día estaba algo raro, lo prepare.

Cuando llegue a casa al cabo de los días, mi madre me dijo que habían llevado ya a la perrita a Granada, y que la habían intervenido. Al final mis propios padres y dos vecinos mas se habían decidió a ayudar a la perrita. Estaba en cuidados pero ya a salvo y esa tarde uno de los vecinos la recogerla. Un autentico trabajo de equipo.

La perrita al final, había ganado. Pero lo entrañable de esta historia es como, cuando queremos somos el animal mas útil de la tierra, y que a veces la realidad si que merece ser narrada.

Desde aquí gracias a mis padres y estos vecinos, y a la gente que hace tantas cosas desinteresadas y preciosas como esta. Así da gusto vivir y luchar cada día por un mundo mejor para todos y los que quedan por venir.

David Gámiz Jiménez

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